Web de Félix Sautié Mederos

Mi respeto por los muertos…

En realidad nunca se me hubiera ocurrido pensar que algo así como fue esta confluencia de mi hospitalización temporal y las muertes referidas me pudiera haber sucedido; pero en definitiva sucedió y me enteré de esas noticias en el hospital en que me encontraba recluido sin poder manifestar o hacer nada al respecto, pero ahora lo he comenzado a hacer primero en el caso de Jaime Crombet y ahora lo hago en esta crónica cubana ante la muerte de Luis Pavón, la que de ninguna manera podría pasar por alto porque sería una actitud vergonzante mía con la cual no voy a transigir, además de poco respeto ante la muerte de quien he conocido y apreciado como fue Pavón.

No soy un hombre de medias tintas o que actúa como el avestruz enterrando la cabeza en el piso para no ver los acontecimientos a su alrededor o que me muevo por miedo al “qué dirán” o a quienes intenten amedrentarme con sus insultos y descalificaciones, lo que está muy al uso en nuestras coyunturas y circunstancias. Tampoco me escondo para negar a los que se han relacionado conmigo de una forma u otra. Tengo mi propia historia personal que no depende de nadie en particular sino de mi quehacer en la vida, de mi pensamiento y voluntad propios así como de mis aciertos y errores que siempre he reconocido tal cual son. Surgí dentro de la Acción Católica cubana y nunca lo he negado.

Confieso que desde que supe la triste noticia de la muerte de Pavón, en medio de mi dolor por la muerte de Jaime Crombet, quien fuera uno de mis más cercanos y entrañables amigos y compañeros de luchas, decidí que no podía dejar de escribir sobre Luis Pavón a pesar de las evaluaciones ya conocidas, las que no voy a repetir cuando se encuentra fuera de este mundo y menos aún tomar en consideración a los que se dedican a descalificar indiscriminadamente la vida de los demás incluso en los aciagos momentos de la muerte que resulta inevitable a todos los seres humanos, insultando a los que no coinciden con sus apreciaciones. En este orden de cosas debo reiterar que Pavón fue alguien con quien trabajé y me relacioné durante algunos años, tuve concordancias y discrepancias incluso de índole aguda y terminé enfrentado con sus métodos y concepciones de trabajo, eso es ya historia pasada y la he testimoniado en mis memorias personales que publico por entregas en UNICORNIO, Semanario Cultural de POR ESTO!, con el título de “La Espiritualidad Prohibida”; pero tampoco puedo negar mi afecto personal a la persona educada, de hablar pausado y más bien tímida que en lo individual era. Mucho menos aún puedo negar mi pesar por su muerte ahora cuando es fácil atacarlo, porque ya se ha marchado hacia la “Casa que no se Acaba” adonde estamos llamados todos: tirios y troyanos y desde donde no le será posible responder a sus detractores.

Sé que me expongo a los insultos y las groserías de los que han sido ganados por el resentimiento, los rencores y los odios, que no perdonan nunca mirando para las briznas de hierbas en el ojo ajeno sin ver las vigas que tienen en el suyo. Yo y lo expreso con el yo teresiano que no diluye su personalidad en un nos mayestático muchas veces hipócrita y oportunista, fui victimario y víctima durante mi etapa en el Consejo Nacional de Cultura, lo que no he titubeado en exponerlo públicamente con el planteamiento evangélico de que tire la primera piedra quien se encuentre libre de pecado, además en un medio en el que el tejado es de vidrio. Puedo decir también que tuve la oportunidad de conocer entonces a algunas personas en muy buenas relaciones con Pavón como Presidente del CNC, lo que ninguno de ellos me lo podría negar de frente, que después han sido sus mayores detractores cuando ya era un hombre jubilado y discretamente retirado a la vida hogareña sin poder alguno para ni siquiera defenderse.

Sin el ánimo de poner en juego ninguna justificación ni defensa a ultranza, sólo quiero recordar algo que planteé en mi intervención cuando se produjo aquel intercambio de “emails” o “emilios” durante la denominada “guerrita de los emails” del 2007. Dije entonces que Pavón actuó en un cumplimiento de una política proyectada y orientada desde la cúpula de la Dirección del País en sus máximas instancias, aunque añado que reconozco que lo hizo con sus excesos y aportes personales, cúpula de donde partía la política que se aplicó, a la que muchos de sus detractores de entonces o de hoy no se atreven a significar porque sería para ellos como si escupiesen hacia arriba. Quiero afirmar, además, que repudio el desearle la muerte a alguien en un intento para borrarlo de la historia o de pasarle la cuenta tal y como algunos lo manifiestan y lo he visto reflejado en algunas expresiones de complacencia publicadas por su deceso. En este sentido, no olvido aquello que se plantea en el Evangelio que, parafraseándolo, nos dice que: con la misma vara que midamos a los demás seremos también medidos nosotros.

En definitiva quiero resumir mi criterio: Luis Pavón trató de cumplir con la tarea que le asignaron, quizás con una lealtad acrítica que debió cuestionarse y con sus propios aportes y excesos que no pueden dejarse de reconocer. Esa, en mi criterio, fue su responsabilidad. Finalmente, por mi parte, ante la realidad que constituye su muerte, expreso mis consideraciones de dolor así como mis condolencias a sus familiares y amigos cercanos. Así lo siento y así lo expreso con mis respetos para quienes opinen diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

(1) El último abrazo de un amigo antes de irse, Publicado en POR ESTO! el martes 28 de mayo 2013. http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=245379

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